ADORADORES

"Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar". Hechos 15:16 "En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado" Amós 9:11

Cuando hablamos del Tabernáculo de David, lo asociamos con alabanza y adoración, son los dos puntos que destacan en la reedificación. Lo atractivo de la tienda o tabernáculo era lo que estaba dentro de la tienda, lo que estaba en el lugar santísimo. A nivel espiritual hay tabernáculos que han quedado como rituales, entretenciones para cubrir espacios porque hay un gran vacío que nada ni nadie puede llenar sino sólo la presencia de Dios. Quedarnos con rituales para nuestras insitutciones evangélicas es delicado porque estaríamos cambiando lo menor por lo mayor. Cuando Marta se incomoda en ver a María sin hacer nada, le dice a Jesús: Mi hermana no me viene a ayudar, no estaba pecando, pero le reclama al ver a María sentada que estaba contemplando, elevada oyendo a Jesús, cautivada, el Señor Jesús le dice: una cosa es necesaria y ella ha escogido la mejor parte.

El que sirve sin comunión va a servir con afán, se va a molestar de los que adoran, de los que se sientan a escuchar la voz de Dios, pues la mejor parte es estar a los pies de Jesús. Eso pasa cuando nosotros vemos el paralelismo del Tabernáculo de Gabaón con el de David, unos se quedaron sirviendo, llenando el tiempo con puntos especiales, pero otros con la presencia. Él quiere manifestarse con un de repente...como en Hechos 2 que pararon embriagados por el Espíritu Santo. No permitamos que nuestros programas humanos nos excluyan de la comunión con Él. Cómo se explica que un salmista como David pudiera decir "anhela mi alma, y aún ardientemente desea..." Nadie puede hablar de un sitio a menos que pueda estar allí, pero si ha permanecido por lo menos tiene una apreciación. Nadie podía entrar al lugar santísimo sino sólo el sumo sacerdote, y el salmista dice "como te he mirado en el santuario".

Es impactante cuando un hombre es cautivado por Dios pero es más importante cuando un hombre cautiva a Dios, una cosa es que tú busques a Dios y otra es que Dios vaya detrás de ti. Hay tantas cosas que tratan de ser fascinantes que nos desvían del enfoque principal del culto, el arca la dejamos en tercer o cuarto lugar, en nuestros cultos el único espectador debería ser el Rey de Reyes, porque va dirigido a Él. Si algo se necesita es morir, no importa cómo te ves delante de los demás en tu apariencia cuando estás adorando, lo único que importa es agradar a Aquel que te dio vestido real.

Una cosa es que tú busques a Dios y otra es que Dios vaya detrás de ti.

El salmista dijo, "una sola cosa es necesaria y esta buscaré que pueda yo estar todos los días de mi vida en su casa para contemplar". Hay quienes adoran en público cuando no lo hacen en secreto, a estos no les agradará derramar su corazón cuando no tienen un micrófono, cuando no está en privilegio, aquí derrama su corazón, allá fluye su razón... es sospechoso, podríamos estar dramatizando en el altar.

¿Cómo puedes detectar que eres auténtico y genuino delante de Dios? Cuando haces en privado lo que haces en público, cuando en lo secreto te rompes y te humillas, te quebrantas y haces el ridículo. La restauración del tabernáculo de David no es solamente la alabanza, es volver a enfocarnos prioritariamente en el arca, en la presencia de Dios. Allí no llegas para pedir, allí llegas a ofrecer, es casi un sinónimo de humillación, no importa qué tiene el sacerdote, lo que importa es que está el Rey de Gloria y hay que admirarlo.

Otra de las cosas es la restauración de los adoradores. Personas que no tienen un corazón en la prioridad, mucho menos podrán tener un estilo de vida de acuerdo a la prioridad. Sacar la mezquindad, morir a la vanidad, morir al orgullo, eso no es fácil. Sobre todo, revestíos de HUMILDAD, a Pablo nadie lo podría humillar porque siempre estaba abajo, Él se auto llamaba el más pequeño de todos los santos. No hay peor cosa que ver a un adorador altivo adorando a un Dios humilde.

Leemos en Juan 4:20 "Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que es en Jerusalén... Mujer, la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén, vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos". Hay mucha gente adorando lo que no conoce en la dimesión de la estirpe de David, no conocen a Dios en la última comunión, no saben cuál es el corazón de Dios, se pierden. "Jesús dijo, ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren".

Tabernáculo también se interpreta como linaje o dinastía. Lo que Dios está buscando es revindicar el linaje, la estirpe de David, los que ministran a ese nivel o escala son los que el Padre está buscando. Imagínese un Dios cautivado, tocado por un adorador (que tenía defectos, pero tenía un corazón de búsqueda). Él es la razón. Apasionémonos por la presencia de Dios, busquemos de ella los puntos especiales está bien, pero si no te enfocan a ministrar y exaltar a Dios, podrían ser atractivos humanos que nos están alejando de la presencia de Dios. Anhela ser de los que toca el corazón de Dios de la dinastía de adoradores.

Las cosas que trascienden no nacen en la opulencia, nacen en lo secreto, en lo pequeño, sueños que Él está poniendo en tu espíritu, que a su debido tiempo se van a manifestar en público, no nacen en la multitud, nacen en lo secreto de tu cuarto, donde quiebras tu alabastro, allí Dios está hablando secretos, revelándote su corazón. Enamórate más de Dios. Una vez logres tocar y cautivar su corazón, Dios se va a ver tan agradado, tan atraído por tí, que Él te buscará por eso dice que el Padre busca verdaderos adoradores. Los adoradors no lo están buscando... El Padre los está buscando a ellos.



Que el Espíritu Santo marque e imprima nuestro corazón, anhelando ser seducidos por Él, y aprendamos a cantar y adorarle, más que con nuestra voz y armonías con nuestra vida, aprendiendo a honrarle y agradarle, cuya pasión principal sea su presencia. ¡Adórale!

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